Cuentos y adaptaciones

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Reencontrándose

  …Muchos años después,  en un hermoso Palacio, jugaban en el jardín,  dos hermosas doncellas. La más pequeña  siempre buscaba lugares  lejanos para que la hermana mayor no la encuentre.  Sucedió un día que después  de varias horas de búsqueda la hermana mayor no la encontró,  se asustó y dio aviso a la abuela… la hermana menor había desaparecido. Todo el palacio salió a buscarla… pero no había señales de la pequeña. Los aldeanos también  acudieron en la búsqueda y solo encontraron en el bosque  trenzas de hilos dorados que parecían cabellos.
 …Y fue entonces cuando  la abuela de las niñas  había de recordar aquella  época remota cuando una anciana la había separado de su amado y la había  condenado a vivir  en  el desierto. Pero no estaba sola iba a dar a luz  a   gemelos.  Su amado  al escarparse de la anciana se pinchó los ojos con la rama de un árbol y  quedo ciego, deambulando por  mucho tiempo. Pero la magia del amor,  se hizo presente cuando el príncipe escucho  cantar  a Rapónchigo, y ella corrió a sus brazos y con sus lágrimas limpio los ojos de su amado, y este volvió a ver la luz del día.
  La abuela supuso que  aquella  anciana que aún no la había  perdonado, había  venido por una de sus nietas,  y  fue directamente  a la torre donde por mucho tiempo estuvo cautiva. Le daba escalofríos, pero debía rescatar a su nieta.
Con el pasar de los años la torre no se veía tan alta, ni tan sombría  y entro muy lentamente…y  vio con asombro como aquella anciana curaba las heridas de su nieta. La pequeña doncella en su afán de que su hermana no la encontrara, corrió y corrió. Se encontró  con la torre y quiso treparla pero tiraba de unos finos hilos dorados que se cortaban apenas ella jalaba  y el viento se los llevaba, entonces cayó pesadamente y se lastimo una de sus piernitas.
 La anciana al ver a la pequeña,   ayudo con el mismo  amor como había cuidado a aquella niña hace muchos años, que  solo quería  protegerla  del mundo, porque ella suponía que la vida era muy dura e iba sufrir mucho.   Y fue entonces  que Rapónchigo entendió que a veces  suponer, es dar por hecho algo sin molestarnos en buscar pruebas para apoyar el razonamiento. 
 Y  fue así que la anciana y  la abuela de las doncellas que era Rapónchigo sanaron sus heridas, se entendieron y fueron amigas hasta sus últimos días.



                                                                              LM.JC
         

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